Presentación del blog

¡Saludos a tod@s!

Como su mismo nombre indica, este blog está destinado a recoger, paso a paso, todas mis salida, excursiones, rutas y viajes. Siempre a pié. Pequeñas escapadas, visitas a pueblos, rutas cortas, largos recorridos... Pero siempre a pie.

Mi idea es dar a conocer y compartir con todos mis lectores esos maravillosos rincones que muchos desconocemos y pasamos por alto, cuando están ahí, muy cerca de nosotros. O no tan cerca...


domingo, 13 de enero de 2013

PALAMÓS - RUTA POR BELL-LLOC

La Ermita del Bell-lloc

Hoy tenía prevista la ruta Vall-llobrega - Puigcargol - Palamós - Vall-llobrega. Pero unas nubes muy negras y amenazadoras me han hecho dar media vuelta y modificar la ruta.
No me gusta caminar bajo el agua. Ya me pilló una fuerte tormenta en Campdevànol, en els Gorgs del Torrent de la Cabana, y prefiero no repetir la experiencia.
Me he decidido por hacer un tour por la zona del Bell-lloc.
He iniciado la ruta en Vall-llobrega, frente a la Iglesia, a las 9 de la mañana.
He tomado la carretera que va al Raval de Dalt y, pasado el Pont de la Creu, en el cruce de cuatro caminos, he girado a la izquierda, en dirección a Palamós por la fábrica Hutchinson.
Una parte de lo que queda de
Castillo de Vilarromá.

A partir de esta fábrica, por la pista forestal que va a Calonge, hasta el primer cruce, donde he cogido la opción Castell de Vilarromà que gira a la derecha.
Cuando he llegado al Castell de Vilarromà, o lo que queda de él, el cielo ya estaba muy amenazador.
 He avanzado un poco más por la pista forestal, pero en el primer desvío ya lo he dejado correr y me he desviado hacia la Font del Bell-lloc y la Ermita de Santa María del Bell-lloc, y ya para abajo.
He tardado hora y media en hacer el recorrido(unos 6'5 km)
Es una preciosa ruta que transcurre por el interior del bosque, a ratos por pista forestal ancha y plana (hasta el castillo de Vilarromá), y a ratos por estrechos senderos que parecen fundirse con el bosque de la zona (desde el castillo hasta la Ermita del Bell-lloc) y de nuevo la pista forestal hasta el final. Podremos contemplar restos y vestigios de épocas lejanas, como el castillo, un molino de agua, un antiguo horno para cocer cerámica, la ermita... y varias masías, fuentes( algunas sin agua), zonas de cultivo, la riera, gran variedad de fauna y flora autóctona...
En fin, que no era esto lo que había planeado, pero altamente satisfactorio, de todas maneras...
Espero en breve realizar la ruta del Puigcargol.
Si alguien se apunta... ¡¡Ánimo y a caminar!!!!
Algunos de los senderos parecen
fundirse con el bosque...
Un antiguo molino de agua, ahora seco....

sábado, 12 de enero de 2013

VIAJE A PERÚ

Excepcional vista del magestuoso Machu Pichu


Viajé a Perú en octubre de 2008. Fueron las dos semanas más maravillosas de mi vida, porque Perú no era un destino cualquiera. Era aquel punto del planeta que durante toda mi vida había soñado con visitar, una fantasía siempre aplazada para el futuro, pero que a medida que pasaban los años ya había dado por perdida.
 Pero... Se presentó la oportunidad, y no la dejé escapar.
Perú. Aquel país lejano, cuna de antiguas y misteriosas culturas llenas de enigmas indescifrables, generador de tantas y tantas historias y leyendas e inspirador de incontable cantidad de libros que, desde muy pequeña, había leído con avidez.
La idea de poder ver, tocar y juzgar por mí misma todos aquellos monumentos, restos arqueológicos y otros lugares que hasta ahora me había tenido que conformar con hacerlo a través de los ojos y vivencias de otros, me parecía un sueño.
Un sueño que se hizo realidad y que cambió mi vida para siempre.
Estuve en Lima, Paracas, sobrevolé las Líneas de Nazca, Cuzco, Sacsayhamán, Ollantaitambo, Machu Pichu, el Valle Sagrado, el lago Titicaca...
Construcciones megalíticas de tamaño desproporcionado...
Es cierto que visité muchos sitios, pero también son muchísimos los rincones a los que mi limitado tiempo me impidió llegar. Por eso, cuando alcé el vuelo ya de retorno a España, me prometí a mí misma que debía volver. ¿Cuando? Eso no lo sé. Pero volveré. Una parte de mi corazón y mi espíritu se quedaron en aquel país, y un día u otro tendré que volver a recogerlos...
En próximas entradas os iré explicando cómo fue este viaje, los lugares que recorrí y las aventuras y las peripecias por las que pasé durante mi estancia en este país.
También intentaré aportar datos prácticos, consejos ideas e impresiones.

Para empezar os hablaré del clima.
Perú es un país muy grande y posee gran cantidad de climas diferentes, según la zona, la altura o la época del año. En general, en la costa hay un clima subtropical árido y con muy poca precipitación; a lo largo de los Andes y su altiplano, de pueden disfrutar dos estaciones, una de lluvias en verano y una seca en invierno; y un clima caliente, húmedo y con abundantes lluvias en la zona amazónica.
Y... ¿Cual es la mejor época para visitar Perú? Pues eso dependerá un poco de los puntos que deseéis visitar. Para la zona andina los mejores meses son de julio a septiembre, que coincide con la época seca. Para la costa entre diciembre y marzo, puesto que el resto del año suele estar cubierta por una espesa capa de fría niebla que quita mucha visibilidad y desfavorece actividades como el sobrevuelo de las Líneas de Nazca.
Yo fuí el mes de octubre, y disfruté de un tiempo excelente durante toda mi estancia.

Este "bichejo" es un guanaco
Otra cosa a tener en cuenta: el mio fue uno de esos viajes organizados por una agencia que se cuidan de todos los detalles. Pero el próximo será muy diferente. Cuando vuelva allí, lo haré con una mochila, ligera de equipaje y sin nada organizado. Allá no hay problemas de entendimiento, la gente es muy amable y complaciente, y no es nada difícil que cualquier taxista te proporcione información sobre donde alojarte. Incluso existe la posibilidad de convivir con alguna familia  con lo que se puede disfrutar intensamente de experiencias únicas.

Son muchas las cosas que me quedaron por ver, muchos los sitios por visitar, y un sueño por cumplir: recorrer andando el "Camino del Inca", por el que se accede a Machu Pichu desde el Valle Sagrado.
Así pues, a la espera de volver y hacer realidad mis sueños, este es mi primer viaje a Perú.

domingo, 6 de enero de 2013

VALL-LLOBREGA


El Raval de Dalt, una pintoresca calle de Vall-llobrega

Vista parcial de las casas de más reciente construcción
con una de las urbanizaciones al fondo.

Fantástica vista desde el Montagut.  En el centro del margen
izquierdo, Vall-llobrega. Al fondo Palamós.

Para que quede constáncia de que he llegado a esta cima---

.
Vall-llobrega es una pequeña pero encantadora población del Baix Empordà, entre Palafrugell y Palamós.
Su población es de unos 900 habitantes, pero en 1980 era de apenas 200 almas. Gracias al gran boom inmobiliario de los últimos años, lo que antes no eran más que unas pocas masías diseminadas por aquí y por allá, fue urbanizado y se convirtió en un auténtico pueblo.
Para llegar a Vall-llobrega, tomaremos la salida 328 de la autovía C-31 y seguiremos las indicaciones. No hay pérdida.


Aunque es un pueblo muy pequeño, su término municipal alberga rincones que son auténticos tesoros.Uno de ellos es la Iglesia Antigua de San Mateo, ahora en estado ruinoso. Sólo se mantienen en pie las paredes exteriores, falta todo el techo.
Hay una antigua leyenda que explica de qué manera se salvaron los habitantes de Vall-llobrega del derrumbe del techo.
Se dice que, estando el cura y todos los feligreses reunidos en el interior de la Iglesia, a punto de celebrar la Santa Misa, un niño advirtió de la presencia de una cabra blanca en el exterior y que balaba sin parar. 
Todos salieron a fuera a ver a aquel animal, que inmediatamente salió corriendo. En aquel preciso instante, cuando no quedaba nadie en el interior de la Iglesia, el techo se vino abajo, cayendo a plomo sobre la nave central.
A pesar de ser una fantasiosa leyenda, se dice que tiene su trasfondo de verdad.
Esta es la Iglesia Antigua, bueno, lo que queda de ella.
A partir de aquel día, el pueblo se trasladó a una zona más baja, donde se levantó la Nueva Iglesia de San Mateo.

Hoy he visitado lo que queda de aquella antigua iglesia románica y sus alrededores. La verdad es que era un sitio ideal para vivir, ocultos de los saqueadores de la época, al abrigo de las montañas. Y el recorrido, apenas una hora entre subir y bajar desde el centro del pueblo, es muy gratificante.
He iniciado la ruta en la Plaza del Ayuntamiento, por la carretera que sube hasta el Raval de Dalt, un alejado grupo de casas que forman una pintoresca calle. A partir de este punto, se acaba el asfalto y sigue una pista foresta en muy buen estado.
Seguimos andando y un poco más arriba encontramos una bifurcación. Hay que seguir por el camino de la derecha, el que se adentra en el bosque. Y a partir de ahí, unos 10 minutos y habremos llegado. Allí no podremos hacer fuego, pero sí hacer un pic-nic a base de bocatas.
Hay una fuente con agua potable
Unas fotos, un descanso, y hacia abajo de nuevo.

También he ascendido hasta la cima del Montagut, la montaña más alta del municipio, con sus 265 m. y he podido ver su famoso dolmen.
Cuando estemos llegando otra vez al pueblo, encontraremos un cruce de cuatro caminos, cogemos el de la derecha, y a los 50 m giramos de nuevo a la derecha y seguimos ahora por pista forestal hasta la cima del Montagut. No es nua montaña muy alta, 265 m, pero es muy empinada y subir a su cima es un excelente ejercicio para fortalecer piernas y el corazón. Desde allí podremos disfrutar de unas vistas espectaculares. El tiempo empleado es de una hora aproximadamente entre subir y bajar.

Y para terminar, he ido a echar un vistazo al Olivo Milenario. Nadie conoce su edad exacta, pero hay quien afirma que puede llegar a casi los 2.000 años y que podría haber sido sembrado por los romanos cuando ocuparon estas tierras.
Es un árbol excepcional, su tronco mide más de 7 metros de diámetro, y lo que le destaca de los demás viejos olivos viejos, es que es totalmente macizo. Esto queda cerca del pueblo y no os llevará más de media hora. Una mañana bien entretenida con una fantástica ruta que me ha permitido gozar de la naturaleza salvaje de las Gabarras, y ejercitar mis piernas subiendo y bajando montañas...

Otra ruta que os recomiendo a tod@s. Así que... ¡Ánimo y a caminar!!







SANT ANTONI DE CALONGE

Un día cualquiera de invierno a media tarde. Un sol precioso, muy bajo, pero que invita a pasear.

Una preciosa vita del paseo, desierto en invierno.
Sant Antoni de Calonge es un pequeño y tranquilo pueblo de la Costa Brava, en la comarca del Baix Empordá, entre Palamós y Platja d'Aro. Tiene unos 2.500 habitantes.
Es un pueblo nacido a partir de las casas de los pescadores de Calonge en las que guardaban las barcas y los utensilios de pesca. Hoy en día se ha desarrollado gracias al turismo. De todas formas se ha mantenido mucho más tranquilo que los bulliciosos municipios de Lloret de Mar, Platja d'Aro, Empuriabrava o Palamós.
Sant Antoni de Calonge, Girona
Como se puede ver, es un pueblo muy pequeño.
El pueblo consta de tres o cuatro calles principales paralelas al mar. El turismo que se aloja en este pueblo lo constituyen mayoritariamente familias con hijos jóvenes que se alojan en campings y apartamentos. Los más fiestorros tienen Palamós o Platja d'Aro a un euro en bus cada hora(también por la noche). Ello hace que los amante de la paz y la tranquilidad puedan disfrutar de su calma y su belleza si agobios.

La riera que baja de Calonge. Antes de ser canalizada, sus orillas estaban llenas de patos de todos los  tamaños y colores. Ahora no queda ni uno(con la crisis, igual se los han comido, je, je, je...) Ahora sólo las gaviotas se posan en sus aguas.
Este puente, para atravesar la riera, es conocido coloquialmente como "el San Paquito", porque  tiene un lijero parecido al de San Francisco, pero en pequeño.


A mi me gusta su largo y bien cuidado paseo marítimo, que enlaza con Palamós y en pocos minutos podemos ir de un pueblo a otro sin darnos cuenta. En invierno es una delicia por su tranquilidad. Y en verano... Bueno, en verano está bastante más concurrido, pero es toda una atracción sentarse en un banco de este paseo y observar a la gente.
La zona peatonal no es muy ancha, unos tres metros, y en ella circulan gente paseando, corriendo, en bicicleta, patinando, con perros, niños jugando, algunas personas en sillas de ruedas... Todos a la vez, en ambas direcciones, ¡y sin que nadie se choque! Es todo un espectáculo.
Animo a quien pase por esta zona de la Costa Brava se asome un rato a Sant Antoni de Calonge y disfrute de su tranquilidad en invierno y sus maravillosas playas de tranquilas aguas en verano. Animo también a todos aquellos que decidan dar una vuelta por este precioso pueblo, para que no se pierdan el Camino de Ronda Sant Antoni de Calonge - Platja d'Aro. Es una auténtica maravilla. Próximamente crearé un post con información y fotos de esta ruta.
Ánimo, y... ¡A caminar!

Las olas besando dulcemente la arena, las barcas de los pescadores y Palamós al fondo

En verano se agradece la sombra de estas palmeras para descansar del sol.

domingo, 30 de diciembre de 2012

GORGS DEL TORRENT DE LA CABANA

Unos paisajes con encanto
Esta ruta la hice a mediados de agosto de 2011.  No lo tenía previsto, no tenía nada preparado, pero ese fin de semana me fui a hacer una ruta de senderismo por Campdevánol. La denominada ruta “dels Gorgs del Torrent de la Cabana”.Debo aclarar que un “gorg”, es una palabra catalana que significa “poza”, y que se emplea para denominar desniveles o concavidades en los ríos donde se acumula el agua y que suelen formarse al pie de los saltos de agua y  de las pequeñas cascadas. Parajes de excepcional belleza que invitan a bañarse en verano o a disfrutar de un precioso remanso de paz en invierno.

Algunas de las cascadas caían dulcemente.
Había pozas pequeñas...

Como era verano y hacía bastante calor, no pude negarme a la idea de una preciosa ruta a pie, una de mis pasiones, con la recompensa de un buen baño en unos rincones de ensueño.
Y es que esas són las experiencias que más se disfrutan, esas que se presentan de improviso y que nos hacen salir de casa casi con lo puesto, a lo que salga, a la aventura... No hay tiempo para pensárselo dos veces(y ni falta que hace, al menos a mí, que siempre estoy dispuesta a una buena ruta),  ni para preparar nada. Solo para coger una mochila(que por cierto siempre tengo a mano ya a medio preparar), con lo imprescindible y... ¡ a empezar a disfrutar desde este preciso instante!Teníamos previsto realizar una ruta que recorre el Torrente de la Cabaña, en Campdevánol, donde se puede disfrutar de la belleza visual de sus numerosos saltos de agua y refrescarnos del calor de la caminata en sus impresionantes pozas de aguas frías y transparentes.Las características de esta ruta són las siguientes: 
Desnivel: 218 m
Tiempo: unas 3 horas
Una ruta asequible a todos.
Distáncia: 9,25 km.


Y pozas grandes. Esta es la de la Cabaña.
El cielo amenazante se abrió y cayó el diluvio.

Cómo llegar: Partiremos de Campdevànol, en la provincia de Girona. En Campdevànol cogeremos la GI-401 en dirección a Gombrén y a los 2,5 km encontraremos el Camping Pirinenc.
A unos 500m a la izquierda encontramos el Camí de L'Auró, ahora cimentado pero muy estrecho(no pasan dos coches a la vez).
Siguiendo este camino, que baja en zig-zag,cruzaremos un riachuelo y en pocos momentos ya estaremos avanzando en paralelo con el barranco de la Cabana. Este camino nos llevará a un parking que en su momento era gratuito, pero creo recordar que ahora cuesta algo así como 10€(si no ha subido, como el IVA...je, je, je...). Allí encontraremos la Fuente del Querol y podremos dejar el coche.También podemos aparcar el coche un poco antes, en un entrante del camino, a la altura de la masía Bac d'Estiula. Aunque en verano es muy difícil encontrar un hueco...En esta masía producen queso de obeja, yogures y pasteles de queso. Absolutamente naturales y artesanos. A quienes les guste este tipo de productos, recomiendo una parada en esta masía. es bien visible, en el Camí de L'Auró, no lejos del párking. 



Paisajes de ensueño, a pesar de la lluvia

Y aún nos queda una tercera opción, que es lo que hicimos nosotros.

Esta es la ruta que deberíamos haber seguido...

Dejamos los coches a la salida de Campdevánol y empezamos la ruta allí. Se hacen 3 ó 4 km más, pero vale la pena.
Dejamos los coches bajo unos árboles, en una especie de paseo a las afueras del pueblo, a la derecha de la carretera. Nos ahorramos el pago del párking y también tener que lavar luego el coche, puesto que es de tierra sin asfaltar, y en verano la polvareda que se levanta es de órdago. Y de Camdevánol al párking, es todo camino llano, sin apenas desnivel. Además, con encanto  propio...  

 Salimos un domingo, de buena mañana, con la idea de pararnos a comer y bañarnos en alguna de las pozas. Todo era risas, jolgorio y alegría.

Debo informar que la señalización es muy mala. Escasa y nula en muchos cruces, por lo que es fácil perderse. Pero no olvidemos que, unos años atrás, estas señalizaciones que indican a cada paso qué camino tomar, que nos marcan y delimitan las rutas y los senderos, sencillamente no existían. Y los excursionistas, los auténticos excursionistas a los que les encantaba descubrir esos lugares de ensueño, también llegaban. Creo que nos hemos acostumbrado a que nos lo den todo masticado...

En Campdevànol iniciamos el recorrido por el Camí Ral, hasta el párking y la masía Bac d'Estiula. Desde allí cogimos un sendero y llegamos a la primera poza, precisamente la del Gorg de la Cabana, la más grande, salvaje y solitaria de todas.
Está dividida en dos partes: la alta, que forma una hermosa poza no demasiado grande, y la baja, donde desaguan la aguas de la primera poza en forma de cascada de 15 metros y forman un trtanquilo remaso de frías aguas. Esta poza es la más tranquila porque es la que está más alejada del camino y la de más difícil acceso.
Para llegar a ella tuvimos que descender por un alto y empinado terraplén, agarrándonos como podíamos a los troncos de los árboles y a los matojos. Así, casi arrastrándonos, conseguimos llegar a bajo.
La recompensa al esfuerzo fue un maravilloso rincón, donde comimos, nos bañamos y disfrutamos de su belleza salvaje.
De pronto me percaté de que en cielo habían comenzado a aparecer grandes nubes con aspecto bastante amenazador. Bromeando, les comenté a todos que, para que aquella excursión se convirtiera en una auténtica aventura, solo le faltaba una tormenta de verano. La verdad es que a mí me apasionan las tormentas, y me imaginé el estruendo y el eco de los truenos en aquel lugar, rodeado de altas montañas.
Todos me miraron y me dijeron que no fuera gafe, aunque en aquel momento recordé que la previsión meteorológica para aquel día era de tormentas y aguaceros precisamente por aquella zona.
Y para qué hablé...
En cuanto retomamos el camino para proseguir nuestra ruta, empezamos a oír los primeros truenos. No gran cosa al principio, pero no tardaron en aumentar de volumen hasta convertirse en una tormenta de las que a mí me gusta. Fuertes y deslumbrantes rayos seguidos de ensordecedores truenos que retumbaban por el eco de las montañas, ofreciendome un maravilloso espectáculo acústico, favorecido y engrandecido por el efecto del eco de las montañas.
Por fortuna, la lluvia aún tardó un poco en hacer su aparición y, a pesar de que no nos atrevimos a pararnos(las primeras gotas nos acompañaron un buen trecho),  pudimos disfrutar de la belleza de gran cantidad de pozas con sus saltos de agua.
Algunos eran pequeñas cascadas que se derramaban tranquilamente por encima de grandes rocas de escaso desnivel. Pero algunas de estas pozas eran producto de la erosión producida por saltos de agua de considerable altura, con una gran profundidad, que permitía nadar e incluso saltar desde una roca y zambullirse en sus aguas frías y transparentes. Una fiesta de belleza y placer para los sentidos.
Mientras recorríamos las últimas pozas, la lluvia se fue intensificando. No gran cosa, pero lo suficiente como para hacernos apretar el paso y decidirnos a volver a los coches. Las nubes habían tapado el cielo por completo, envolviendo el bosque con una capa de profunda penumbra, los rayos desgarraban la oscuridad casi sin tregua y los truenos hacían temblar el aire. Estaba claro que aquello no presagiaba nada bueno. 
Y comenzó el diluvio. Lo primero que hicimos fue proteger los móviles y cámaras de fotos en el interior de las mochilas, enrrollados con las toallas, para protejerlos de la lluvia y la humedad.
Para acabar de complicar las cosas, con las prisas por escapar de la tormenta, los constantes y deslumbrantes rayos, esos truenos que retumbaban por todos los rincones de la sierra y el fuerte aguacero, nos despistamos y en algún cruce no elegimos bien el camino. En en algun punto abandonamos el sendero que seguía el curso del río y nos tenía que conducia de nuevo a Campdevànol y nos dirigimos montaña arriba, en empinada pendiente. Era un camino, si, pero no el que debíamos seguir.
Había momentos que nos resultaba muy difícil el ascenso. Encaramándonos como podíamos a las rocas, cogiéndonos a troncos, matojos o lo que encontrábamos y con la lluvia empapándonos. No teníamos ni idea de si teníamos que subir o no a aquella montaña...
Por fin llegamos a la cima de la montaña. Desde allí sólo se veían otras montañas, nada que pareciera una población se podía entrever entre aquellos bosques. Parecía que nos encontrábamos en mitad de la nada, solo montañas, bosques, y la tormenta, que de pronto empezó a descargar con toda su virulencia. 
En seguida tuvimos bien claro que nos habíamos perdido y que debíamos volver a bajar. Pero el camino por el que habíamos subido estaba impracticable a causa de la gran cantidad de agua que lo convertía en un torrente.
Vimos una masía y allá nos dirigimos. Muy cerca de ella descubrimos un camino más ancho, una pista forestal. Y como no, la seguimos. Pero... en dirección contraria a la que debíamos ir!! Atravesamos un prado lleno de vacas, cruzamos una valla electrificada, un bosque... Total, que tras bajar en zig-zag, volver a subir por otro lado, y bajar y subuir un par de veces más, volvimos a estar en aquella misma masía!! 
Estábamos poco más que desesperados.
La tormenta no nos daba ni un sólo momento de respiro. Estábamos completamente empapados, cansados, perdidos, y con muchas ganas de salir de allí, secarnos y calentarnos un poco.
Pero no podíamos quedarnos quietos bajo el agua. Y la masía estaba vallada y cerrada a cal y canto.
Por consiguiente iniciamos de nuevo el descenso, ahora por el camino correcto.  
¡Cuatro horas tardamos en llegar a los coches! Y sólo cuando ya estábamos llegando, cesó la lluvia y al final incluso salió el sol.
Empapados de agua hasta la médula, ateridos de frío(algunos de nosotros con principios de hipotermia), exaustos, pero contentos al fin y al cabo de haber podido llegar.
Podría haber sido peor. Y cuando estábamos dándo vueltas por la cima de aquella montaña, bajo una lluvia inclemente, y sin dar con el camino correcto, reconozco que el miedo nos acompañó durante un buen rato. Sin cobertura en ninguno de nuestros móviles y con la noche acechando...

domingo, 26 de agosto de 2012

CAMÍ DE RONDA Palamós Platja de Castell-Calella de Palafrugell

Ruta realizada el 26 de agosto de 2012
Recorrido: unos 10 km. 6 km de ida (bordeando la costa) y 4 de regreso, siguiendo el GR, por el interior.
Dificultad: baja. Media para quien no esté acostumbrado a caminar. Sendero en constante sube y baja.

Las primeras luces del día

Señalización: desde la playa de Castell hasta Cap Roig, señales rojas. Es un sendero local. En Cap Roig cogemos el GR, con señales blancas y rojas. De todas formas, no es posible perderse. En la playa de Castell encontraremos un gran cartel con un mapa y todos los posibles itinerarios. Y sólo hay que ir bordeando el mar.
Tiempo estimado: depende. Pensad que lo más seguro es que a cada momento os paréis para sacar fotos. Seguro que en alguna cala os apetecerá bañaros, y si vais en grupo, no podréis dejar de deteneros a cada recodo del camino para comentar las maravillas que iréis encontrando. Por tanto, el recorrido, por el kilometraje, se puede hacer en tres horas, aunque yo lo hice en cuatro horas y media para ir y dos para volver. Eso ya depende del tiempo que le dediquéis. Y os aconsejo que os toméis vuestro tiempo, porque lo vale.

Cala Estreta

Deberéis llevar calzado cómodo para caminar, no todo es plano. Gorra, protección solar, agua abundante, pues no hay fuentes por el camino, bocadillos, toalla y bañador(opcional, pues en esta zona de calas al abrigo de las miradas indiscretas, el nudismo es una práctica habitual).
Esta preciosa ruta aconsejo hacerla en verano, y sobretodo, salir a primera hora de la mañana. Es a estas horas cuando se pueden apreciar en todo su esplendor los preciosos colores y contrastes que van adquiriendo las aguas a medida que va subiendo el sol, el mar suele estar muy tranquilo por las mañanas y podréis bañaros en alguna de las preciosas calas que visitaréis a lo largo del recorrido.
Podemos admirar las diferentes tonalidades que adquiere el agua a estas horas.

Además, tened en cuenta que la Costa Brava en verano suele estar bastante masificada. Por lo tanto, si queréis gozar de paz y tranquilidad, admirar toda esta belleza salvaje o hacer fotos sin que salga un montón de gente por medio, tendréis que madrugar.
Y por si todo esto no os acaba de convencer, pensad en el intenso calor y el sol de los veranos en esta zona, por lo que conviene evitar las horas centrales del día.
Vale la pena, y tampoco hace falta levantarse a las cinco de la madrugada.
Yo hice esta ruta el pasado 26 de agosto y salí a las 7'30. A esta hora hace apenas 10 minutos que acaba de salir el sol.
Éramos un grupo de siete personas e iniciamos la ruta en la Playa de Castell, a las afueras de la población de Palamós, y el destino era Calella de Palafrugell. En esta playa hay un gran párking donde podremos dejar el coche. Debo advertir que en verano, a partir de las 9 de la mañana, este párking es de pago, pero si se llega antes de esta hora, no hay que pagar.



Platja de Castell

Este es el aspecto de la Playa de Castell a las siete y media de la mañana.
Como podéis ver, no hay nadie, el agua apenas se mueve, y el sol naciente empieza a bañar de luz y color la zona.
Esta foto está hecha desde un promontorio en el que se encuentran las ruinas del Poblado Ibérico de Castell, un importante asentamiento de los íberos y que ha sido excavado y restaurado hace poco. Aconsejo una visita rápida.
El camino empieza bordeando unos altos acantilados que esconden calas de ensueño. Debido a la altura de esos acantilados, a la mayoría de esas calas solo se puede acceder desde el mar con alguna pequeña embarcación. Aunque en algunas, la gente, que no parece asustarse de nada, ha empezado a trazar empinadas sendas por las que acceder, trepando o arrastrando por las rocas de sus verticales paredes, a estos rincones de ensueño.

Rincones de ensueño

Estas son algunas de las calas que podremos encontrar, ocultas entre las paredes de altos acantilados.
Su belleza es excepcional. Y a estas horas de la mañana, los primeros rayos del sol arrancan preciosas tonalidades verdes, azules y turquesas de sus aguas encalmadas.

Aguas encalmadas, colores increibles...

Estos caminos que bordean toda la Costa Brava, siguiendo su contorno de Blanes a Portbou, tienen una historia muy antigua.
En tiempos de piratas, gracias a su altura que permitía observar el mar y sus inmediaciones, fueron usados como puntos de vigilancia, para prevenir los ataques de los piratas que se proponían asaltar los pueblos del litoral y apropiarse de los bienes y las personas. Palamós, por ejemplo, fue arrasado y sus habitantes masacrados por el pirata Barbaroja, en 1543.
Más tarde, tras el fin de la piratería, fueron usados por los contrabandistas que traficaban con productos como el tabaco y el alcohol.
A su vez, también fueron utilizados por los agentes de vigilancia que perseguían a los contrabandistas. Estos agentes hacían sus rondas por esos caminos, y se dice que, precisamente, este es el origen de su nombre: Caminos de Ronda.


Las primeras luces del día...




Se han recuperado muchos de estos caminos, y actualmente se han convertido en un gran reclamo turístico para la Costa Brava.
Son caminos que los ayuntamientos mantienen en buen estado y que se han señalizado con diferentes marcas de color, y con indicaciones de los diferentes lugares de interés, las distancias y el tiempo aproximado que se tarda en recorrerlo, facilitando la orientación de quien los recorre.


Esta es la idílica "Cala Estreta"
                                   
Pasadas dos horas desde que habíamos salido de la Playa de Castell llegamos a la Cala Estreta, la única playa de la población de Mont-ràs.
Solo unos pocos bañistas habían llegado ya a esta playa y empezan a tomar los primeros baños.
Debo advertir que ésta, como la mayoría de las playas y calas de esta zona, son nudistas, aunque cada uno va como mejor le parece.
Tras un buen baño, la hora de desayunar.
Después de recuperar fuerzas seguimos la ruta hasta llegar a la población de Calella de Palafrugell sobre las doce del mediodía.
Y finalmente, tras un breve descanso, tomamos el camino de vuelta, esta vez sin dejar el GR (marcas blancas y rojas) hasta llegar de nuevo a la playa de Castell.

Como podéis ver también de regreso disfrutamos de excepcionales vistas.
El camino de regreso lo hicimos en poco más de una hora, puesto que hicimos poco más de 5 km.
Estas rutas de mar, recomiendo hacerlas en verano. Es cuando estos idílicos rincones lucen su belleza en todo su esplendor. Además, nos permiten bañarnos en algunos (o todos) de los rincones por los que iremos pasando.
Pero eso sí, evitando las horas de máximo calor y bien provistos de agua.
Pero, en invierno, también es digno de ver. Y si acompaña un fuerte temporal, podremos admirar cómo el furioso mar estrella salvajemente las olas contra los acantilados... Todo un espectáculo para los sentidos.
Así que, en invierno o en verano, ánimo y a caminar.